Un estadounidense de 32 años tuvo problemas respiratorios durante una excursión al monte Kilimanjaro. Durante su estancia en el campamento de Karanga, en el sendero de Mweka, empezó a experimentar fatiga, dificultad para respirar, taquicardia y un nivel de saturación de oxígeno del 77%, incluso con oxígeno suplementario. Estos eran claros indicadores de un mal relacionado con la altitud, potencialmente un edema pulmonar de gran altitud. Dadas las limitadas opciones de atención médica a gran altitud, Global Rescue organizó una evacuación inmediata en helicóptero. Fue trasladado en helicóptero a un hospital regional, donde las pruebas complementarias, incluida una radiografía de tórax, confirmaron un edema pulmonar leve. Tras recibir el tratamiento médico adecuado y oxigenoterapia, sus síntomas mejoraron rápidamente y fue dado de alta al día siguiente. El seguimiento a la mañana siguiente confirmó que se estaba recuperando bien, sin síntomas adicionales. El rápido reconocimiento del mal de altura y la rápida evacuación garantizaron un resultado positivo. Su caso sirve de recordatorio de cómo la altitud puede afectar repentinamente incluso a viajeros por lo demás sanos.