Un socio de 50 años de Allen, Estados Unidos, se encontraba en el campamento de Barranco, en el monte Kilimanjaro, en Tanzania, cuando se transmitió una solicitud de evacuación enviada a al equipo de operaciones. A través de su guía, informó de vómitos, diarrea acuosa frecuente con unos quince episodios en un día, escalofríos, mareos, debilidad generalizada, cefalea persistente, posible fiebre, labios azulados, escasa turgencia cutánea, retraso en el relleno capilar y marcha inestable, junto con una saturación de oxígeno del 72% sin oxígeno suplementario. Sospechaba una intoxicación alimentaria o una enfermedad vírica. Debido a la deshidratación severa y a la hipoxia con la preocupación para el edema pulmonar de gran altitud, una evacuación del helicóptero fue aprobada del campo de Barranco a un hospital próximo para el tratamiento inmediato. No se facilitaron el diagnóstico ni la medicación, pero fue dada de alta ese mismo día. Durante un control de bienestar, informó de que seguía deshidratada, pero que en general había mejorado, y continuó con la medicación prescrita mientras organizaba un vuelo de regreso más temprano.