Mike D., de Georgia, se propuso escalar el Kilimanjaro con un objetivo claro: compartir con su hijo una experiencia única en la vida. No se trataba sólo de llegar a la cima. Se trataba del viaje que emprenderían juntos. «Esta aventura… la viví con mi hijo», explicó Mike, subrayando que la escalada tenía que ver tanto con la conexión como con el desafío.

Viniendo de cerca del nivel del mar, Mike comprendía los riesgos. La altitud del Kilimanjaro -más de 5.895 metros- puede afectar incluso a los alpinistas más fuertes. Aunque tenía experiencia en entornos exigentes, ésta sería su primera vez a tal altitud. Se preparó cuidadosamente, incluso haciéndose miembro de Global Rescue. «Sabía que necesitaba una empresa en la que pudiera confiar», afirma.

 

Dos escaladores posan en el campamento base bajo la señal del Kilimanjaro.
Padre e hijo en el campamento base.

Un comienzo fuerte y un giro repentino

La subida empezó sin problemas. Durante días, Mike se sintió fuerte y aclimatado. Incluso la tarde antes de que todo cambiara, no hubo señales de alarma. «Aquella tarde estaba bien», recuerda.

Entonces, casi instantáneamente, la situación cambió. «Los síntomas aparecieron con bastante rapidez», dijo Mike. «Dificultad para respirar… y luego desarrollé mucho dolor en el abdomen».

Lo que empezó como una leve molestia se convirtió en algo mucho más serio. Cada paso resultaba agotador. Hasta el más mínimo movimiento requería esfuerzo. «Daba pasos muy cortos y me costaba mucho respirar», explica.

Mike reconoció rápidamente que no se trataba de un cansancio leve por la altitud. «Pensé que probablemente tenía algún tipo de mal de altura, algo un poco más serio que necesitaba atención médica».

Al darse cuenta de ello, tomó una decisión crítica. En lugar de seguir adelante, alertó al guía principal, prefiriendo la seguridad a la cumbre.

 

Petición de ayuda

El guía se puso en contacto con Global Rescue a través de un teléfono vía satélite, conectando directamente a Mike con un profesional médico. A partir de ahí, todo fue muy rápido. «Empezaron a diagnosticarme y convinieron en que lo mejor era bajar a menor altitud lo antes posible con oxígeno suplementario», cuenta Mike.

Mike recibió oxígeno de inmediato, pero su estado siguió empeorando. «Gasté unas cinco botellas (de oxígeno). Las consumía muy deprisa», afirma.

Para complicar las cosas, ya era de noche y, gracias a su experiencia en aviación, Mike sabía que los helicópteros de rescate no vuelan en la oscuridad en el Kilimanjaro, ya que las condiciones de altitud pueden cambiar rápidamente. Sabía que tendría que esperar hasta la mañana.

Aquellas horas fueron agonizantes. «Fueron un par de horas, pero me parecieron diez veces más», dijo. «Sólo sentarme en mi tienda era laborioso».

Permanecer en altitud significaba que sus síntomas podían empeorar, y probablemente lo harían. Bajar la montaña a pie no era una opción. Cuando llegó el momento de desplazarse una corta distancia hasta la zona de aterrizaje, no pudo hacerlo solo. «Tuvieron que llevarme en brazos. No tenía una buena plataforma estable mientras caminaba», dijo Mike.

 

El rescate

Al amanecer, el sonido de un helicóptero rompió el silencio. «Oí venir el helicóptero desde bastante lejos», recuerda Mike. Fue una confirmación inmediata: la ayuda había llegado. El equipo lo trasladó a la zona de aterrizaje, apuntalándolo porque no podía mantenerse en pie. Una vez a bordo, el piloto actuó con rapidez.

El descenso fue rápido y surrealista. Tras días de escalada, ganando altura paso a paso, Mike descendía de repente miles de metros en cuestión de minutos. «Fue un poco surrealista pasar tantos días subiendo y, de repente, estar bajando», dijo.

A medida que descendían, el entorno cambiaba drásticamente, pasando del gélido aire alpino a las cálidas temperaturas inferiores. Pero aunque el descenso de altitud era crítico, la emergencia médica estaba lejos de terminar. En la base, una ambulancia trasladó a Mike a un hospital local. Allí se hizo evidente la gravedad de su estado.

 

Hospitalización y diagnóstico

Las radiografías confirmaron un edema pulmonar de altitud. «Mis pulmones deberían ser negros en una radiografía, pero estaban blancos y humeantes», explicó. Cuando los pulmones se llenan de líquido, lo que se denomina derrame pleural, la radiografía de tórax suele mostrar una zona blanca, opaca o nebulosa. Pero no eran sólo los pulmones. El impacto en su cuerpo fue generalizado.

«Todos mis órganos empezaron a hincharse, la vejiga, la próstata y los riñones», dijo Mike. El dolor abdominal que había sentido en la montaña se intensificó. «Tenía un dolor insoportable», dijo.

Incluso después de descender, la recuperación no fue inmediata. Seguía teniendo líquido en los pulmones y su cuerpo necesitaba tiempo para estabilizarse. Durante horas se sometió a pruebas -radiografías, ecografías y análisis de sangre- mientras los médicos vigilaban su estado.

Durante todo el calvario, Global Rescue se mantuvo en contacto permanente. «Global Rescue se puso inmediatamente en contacto conmigo y lo siguió haciendo sin parar», afirma Mike. Incluso con un servicio irregular, la comunicación continuó a través de WhatsApp, coordinando los cuidados, comprobando que no se perdía nada. También se pusieron en contacto con su mujer. «Le informaron inmediatamente de lo que estaba pasando», dice. Y, lo que es más importante, ayudaron a mantener la comunicación con su hijo en la montaña.

 

La decisión de un padre

Antes de su evacuación de la montaña, Mike tomó una de las decisiones más difíciles del viaje. «Le dije a mi hijo que continuara. Quería que hiciera cumbre en el Kilimanjaro», dijo. Gracias a la coordinación entre Global Rescue y el equipo de guías, se retransmitieron actualizaciones montaña arriba, lo que dio a su hijo la seguridad que necesitaba para seguir adelante.

«Eso proporcionó a mi hijo cierta sensación de alivio. Sabía que su padre estaba bien y que podía continuar», explicó Mike.

Y lo hizo. «Hizo cumbre e hizo algunas fotos», dijo Mike.

Más tarde, después de que Mike se estabilizara y el equipo descendiera, se reunieron para cerrar el círculo de la experiencia de una forma que ninguno de los dos había planeado, pero que nunca olvidarían.

 

Recuperación y reflexión

La recuperación de Mike fue gradual. Incluso después de salir del hospital, seguía sintiendo los efectos. «Caminando una distancia corta, tenía que parar. Me quedaba sin aliento», dice.

El viaje de vuelta a casa fue largo y físicamente agotador, pero finalmente los cuidados de seguimiento confirmaron que sus pulmones se habían limpiado y su cuerpo se había recuperado. En retrospectiva, la experiencia fue profunda.

«Fue un acontecimiento que me cambió la vida», dijo Mike. «Nunca había hecho algo así. Definitivamente me cambió la vida».

 

La conexión Global Rescue

Para Mike, hay un factor determinante: la comunicación. «La comunicación es muy, muy importante para mí», afirma. Desde el momento en que se hizo miembro, Global Rescue estableció esa confianza.

«Enseguida se pusieron en contacto… ‘¿Tiene alguna pregunta? Estamos a su disposición'», recuerda. Cuando se produjo la emergencia, esa promesa se cumplió, con creces.

«Cubrían todas las bases», afirma Mike. Desde la coordinación de la evacuación en helicóptero hasta la comunicación con su familia y su equipo de guía, Global Rescue funcionó como un sistema de apoyo totalmente integrado.

A pesar de todo, Mike no ha terminado con el Kilimanjaro. «Tengo que completar lo que no terminé», afirma. Ya está planeando su regreso, y no hay duda de quién formará parte de ese viaje. «Volveré a recurrir a Global Rescue, sin ninguna duda».