Artículo destacado:

  • Los viajes internacionales aceleran la propagación mundial de las enfermedades infecciosas.
  • La COVID-19, el SARS y el MERS han cambiado la forma en que los viajeros evalúan los riesgos para la salud en el extranjero.
  • Los destinos remotos suelen carecer de atención sanitaria especializada en enfermedades infecciosas.
  • La evacuación médica y la repatriación son fundamentales durante los brotes locales o mundiales.
  • La información en tiempo real es esencial para hacer frente a los cambios en las políticas fronterizas y a los riesgos sanitarios.

 

 

El reciente repunte de la actividad de los hantavirus, sobre todo el brote de mayo de 2026 relacionado con un crucero en el Atlántico Sur, ha reavivado el interés mundial por la cepa del virus de los Andes. Esta cepa en concreto es especialmente peligrosa porque, a diferencia de la mayoría de los hantavirus, que son estrictamente zoonóticos, es capaz de transmitirse de persona a persona a través del contacto cercano.

Con una tasa de mortalidad alarmante, que oscila entre el 30 % y el 50 %, el virus suele provocar el síndrome pulmonar por hantavirus (SPH), que comienza con fatiga similar a la de la gripe antes de progresar rápidamente hacia una insuficiencia respiratoria grave. Dado que actualmente no existe ninguna vacuna ni tratamiento específico, la intervención médica se limita a cuidados de apoyo intensivos, lo que hace que la detección precoz sea fundamental, ya que los casos están aumentando en Sudamérica debido a los cambios en los hábitats de los roedores.

 

Cómo los viajes aceleran la transmisión del virus

El virus tiene su origen en diversas especies de roedores, como los ratones ciervos y las ratas del arroz, que excretan el patógeno a través de la orina, la saliva y los excrementos. Los seres humanos se infectan principalmente al inhalar polvo en suspensión contaminado por estos residuos, a menudo durante la limpieza de espacios infestados, como cobertizos o cabañas. Aunque el virus recibió inicialmente su nombre del río Hantan tras un brote ocurrido durante la Guerra de Corea, el actual repunte regional en Argentina y Chile se debe en gran medida a los cambios en las poblaciones de roedores provocados por el clima, lo que empuja a estos portadores a un contacto más frecuente con los entornos humanos.

La movilidad global ha cambiado radicalmente la forma en que se propagan los virus. En siglos anteriores, los brotes de enfermedades infecciosas solían permanecer localizados durante meses o años; hoy en día, los viajes aéreos internacionales pueden transportar agentes patógenos de un continente a otro en cuestión de horas. Los aeropuertos, los cruceros, los hoteles y los sistemas de transporte público crean entornos ideales para la transmisión. Los viajeros se desplazan rápidamente por espacios cerrados y abarrotados, al tiempo que interactúan con personas de múltiples regiones, lo que permite que un brote localizado se convierta rápidamente en internacional.

Las enfermedades respiratorias se propagan con especial facilidad durante los viajes, ya que es posible que los síntomas no aparezcan de inmediato. Las personas infectadas pueden subir a un avión antes de darse cuenta de que son contagiosas. Además, el turismo moderno aumenta la exposición a ecosistemas remotos y a reservorios de fauna silvestre, donde suelen surgir nuevos patógenos, como el hantavirus o el virus de Marburgo.

 

La nueva era de la concienciación sobre la salud en los viajes

La pandemia de COVID-19 ha cambiado para siempre la forma de pensar de los viajeros, demostrando lo rápido que pueden verse afectados los sistemas de transporte a nivel mundial. Los cierres de fronteras, las cuarentenas y los sistemas sanitarios desbordados afectaron a casi todos los países de forma simultánea. Esta época ha puesto de relieve la importancia fundamental de disponer de información médica en tiempo real, de una capacidad de evacuación fiable y de acceso a servicios de asesoramiento médico profesional. Aunque la fase aguda de la pandemia haya remitido, la COVID-19 sigue siendo un elemento permanente en el panorama sanitario de los viajes a nivel mundial, lo que influye en cómo evaluamos los riesgos y planificamos las respuestas médicas.

Antes de la COVID-19, el SARS y el MERS sirvieron de señales de alerta tempranas. El síndrome respiratorio agudo grave (SARS) surgió en 2002 y se propagó a nivel internacional a través de los viajes aéreos, poniendo de manifiesto las deficiencias de los controles sanitarios a escala mundial. El síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV), identificado en 2012, puso de manifiesto la amenaza persistente que suponen los virus zoonóticos. Ambos brotes reforzaron una lección fundamental: los viajeros suelen encontrarse con enfermedades poco habituales en sus países de origen, lo que requiere conocimientos especializados y una preparación adecuada.

Aunque algunos virus siguen estando concentrados en determinadas zonas geográficas, siguen planteando riesgos importantes. Los brotes del virus de Marburgo en África ponen de relieve el peligro constante que suponen las enfermedades hemorrágicas en regiones con una infraestructura sanitaria limitada. Del mismo modo, el virus del Zika se convirtió en una gran preocupación para los viajeros en las Américas debido a su relación con los defectos congénitos. Estas enfermedades varían en cuanto a sus vías de transmisión y sus tasas de mortalidad, pero comparten un factor común: los viajes internacionales aumentan la probabilidad de exposición.

 

Limitaciones sanitarias y necesidad de evacuación

Uno de los mayores retos durante un brote es la sobrecarga del sistema sanitario. Incluso los sistemas sanitarios más sólidos pueden sufrir escasez de camas y retrasos durante un repunte de casos. En destinos remotos, es posible que no exista experiencia en enfermedades infecciosas. Para los viajeros, a esto se suman las barreras lingüísticas y las restricciones de cuarentena cambiantes, que pueden dificultar la movilidad.

Durante estas situaciones de emergencia, la planificación de la evacuación se complica. Es posible que se suspendan los vuelos comerciales y que algunos hospitales se nieguen a atender a pacientes extranjeros. Los servicios de evacuación médica y repatriación resultan esenciales para cubrir esta carencia, garantizando que los viajeros sean trasladados a centros capaces de proporcionarles atención avanzada o que sean repatriados a su país de origen para que puedan continuar recibiendo atención médica.

 

La conexión Global Rescue

En una época en la que las enfermedades infecciosas pueden alterar los planes de viaje de la noche a la mañana, la preparación es una medida práctica de gestión de riesgos. La afiliación a Global Rescue ofrece a los viajeros servicios de rescate sobre el terreno, evacuación médica y acceso las 24 horas del día, los 7 días de la semana, a profesionales sanitarios que supervisan los brotes virales en tiempo real.

Si los hospitales locales no pueden proporcionar la atención adecuada, Global Rescue coordina el traslado a un centro más adecuado o al hospital que elija el viajero, lo que le permite afrontar la incertidumbre con el asesoramiento de expertos y el apoyo operativo necesarios.

Por ejemplo, una mujer de Montana que contrajo la COVID-19 durante un viaje de pesca con mosca a las Bahamas fue evacuada por motivos médicos a Miami por Global Rescue, después de que los profesionales sanitarios locales determinaran que la clínica de esa remota isla no podía proporcionarle el tratamiento adecuado.

Dolly Webster dio positivo poco antes de regresar a Estados Unidos, a pesar de haber seguido estrictas medidas de precaución contra la pandemia. A medida que sus síntomas empeoraban y sus niveles de oxígeno descendían, Global Rescue coordinó un traslado de emergencia en ambulancia aérea desde la isla de Gran Inagua hasta Miami, donde recibió un tratamiento con anticuerpos monoclonales. Webster se recuperó posteriormente y atribuyó a la rápida respuesta del equipo de evacuación el haberle salvado la vida.